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sábado, 8 de septiembre de 2012

Acaban las vacaciones más ‘frescas’ de la década

La ciudad registra una media de 28,3 grados en julio y agosto. Se alcanza 
la temperatura más alta, 45,9 grados, desde el verano de 1995

¿Pasó mucho calor durante las pasadas vacaciones? ¿Creía que nunca volvería el frío a Sevilla? ¿Se ahogó en las tórridas noches del verano? Pues bien, desengáñese, 2012 registró la temperatura media más baja durante julio y agosto de la última década; emplazándose en los 28,3 grados, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Ambos meses no alcanzaban una temperatura media inferior a esa desde 2002, cuando se situó en los 27,1 grados centígrados.

En concreto, julio del presente año cerró con una cifra media de 27,7 grados; y, en agosto, dicho dato se emplazó en los 28,9. Unas temperaturas que, por ejemplo, en 2011 alcanzaron los 28,4 y 29,1 grados respectivamente. Y que en 2010 fueron, incluso, aún más altas: 30,3 y 30,6 respectivamente. A pesar de ello, este verano también se registró la temperatura puntual más elevada de los últimos 17 años. En julio se alcanzaron los 45,9 grados. Una cifra que no se superaba desde el mismo mes de 1996, cuando se contabilizaron 46,6.

viernes, 17 de agosto de 2012

¿Por qué mienten los termómetros de Sevilla?

Los rayos del sol calientan los aparatos ubicados en las calles de la capital hispalense 
y, a su vez, modifican al alza la temperatura del aire que rodea dicha instalación

Nada más comenzar el verano, los termómetros de Sevilla se convierten en protagonistas de crónicas televisivas y escritas. Sus robóticos números se pasean por noticiarios de medio país, ya sea fotografiados o como imagen en movimiento. Unas instantáneas que suelen acompañarse con el correspondiente baño de infantes en la fuente más próxima. Y las cifras que aparecen reflejadas se disparan: 40, 45 o incluso 50 grados centígrados. Pero, ¿es real la temperatura que marcan esos enormes aparatejos instalados en mitad de la capital hispalense?


A medias. Es decir, esa cifra no muestra la verdadera temperatura ambiente del aire que existe en la ciudad en el momento preciso del análisis. De hecho, para poder obtener dicho valor, la WMO (World Meteorological Organization) insiste en la necesidad de adoptar una serie de medidas: la ubicación de los termómetros en una instalación idóneamente preparada, que se encuentre aireada, pintada de blanco, a 1,50 metros del suelo y con las puertas abiertas al norte. Todo ello, con el objetivo de evitar variaciones irreales. Unos requisitos que, claramente, no respetan los termómetros callejeros de Sevilla.

Por tanto, el incumplimiento de estas condiciones ya desvían –por si mismo- el resultado final de la medición. Pero, además, existen otros factores que también influyen en la obtención de una temperatura irreal. Y es que el termómetro se encuentra diréctamente expuesto al sol. Una situación que provoca que los rayos de luz calienten el aparato (la mayoría de las veces metálico); lo que, a su vez, calienta el aire de su alrededor y eleva la temperatura de éste. Un fenómeno que no ocurre en los medidores adecuadamente instalados.

Fotografía de la calle Arjona de Sevilla, de C. Márquez para El Mundo.